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Algo imprescindible en cualquier acampada es el saco de dormir, ya que la calidad del sueño es una de las cosas que más hay que cuidar. Cuando compremos un saco hay que fijarse en características como su capacidad térmica, el peso, las dimensiones o su composición.
Existen sacos de pluma, de muy buena calidad e imbatibles al frío y también sintéticos de relleno suave, aislantes al frío y lavables. En cuanto a la temperatura, los sacos especifican los grados bajo cero que son capaces de soportar. Para pasar la noche de la mejor manera posible, es recomendable que el saco esté seco y que conserves calor antes de meterte en él. Un truco es cenar algo caliente y beber en cantidad puesto que el frío aumenta con la deshidratación.
Para conservar tú saco en condiciones óptimas y, siempre que tengas algún lugar en casa, lo mejor es que lo guardes estirado y sólo lo metas en la funda cuando tengas que salir de acampada.
Además del saco en sí, también resulta muy útil el llevar un aislante o colchoneta. Los suelos de las zonas de acampadas pueden darle una sorpresa desagradable a nuestras articulaciones y músculos cuando despertemos. Con el aislante beneficiaremos a nuestro descanso y estaremos mucho mejor físicamente para enfrentarnos a otra jornada mochila a cuestas.
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